Si
este curso la ley Wert llegó a los colegios, el próximo debería hacerlo
en los institutos. El uso del condicional obedece al intento de la
Junta de frenar la aplicación de la polémica Ley de Mejora de la Calidad
Educativa (Lomce) en las enseñanzas medias. Aunque el consejero de
Educación, Luciano Alonso, justifica la petición de un año de prórroga
en la falta de tiempo para elaborar y aprobar una norma autonómica que
desarrolle el decreto estatal para la ESO y el Bachillerato, a pocos
escapa que la intención del Ejecutivo andaluz es evitar en la medida de
lo posible poner en marcha una reforma educativa que trae consigo las
reválidas al final de cada etapa, unas pruebas que, al margen de
resultar imprescindibles superarlas para obtener el título y continuar
la formación deseada por el alumno, resta competencias educativas a las
autonomías al estar en manos del Estado.
La
principal novedad de la Lomce en los institutos -al margen de otras
muchas- aparece en el artículo 26.9 del mencionado decreto. En él se
establece que al finalizar el cuarto curso de la ESO, los alumnos
realizarán una evaluación individualizada según las enseñanzas elegidas
(académicas para el Bachillerato o aplicadas para la Formación
Profesional), "en la que se comprobará el logro de los objetivos de la
etapa y el grado de adquisición de las competencias correspondientes". A
esta prueba se presentarán los estudiantes que hayan superado todas las
materias cursadas o con un máximo de dos suspendidas siempre que no
sean "simultáneamente" Lengua Castellana y Matemáticas.
El
mismo artículo incluye un párrafo que es el que ha abierto la brecha
-sin tener en cuenta las cuestiones ideológicas- entre el Estado y las
autonomías (principalmente las gobernadas por un partido distinto al
PP). En él se determina que "el Ministerio de Educación establecerá para
todo el sistema educativo los criterios de evaluación y las
características de las pruebas, y las diseñará y fijará su contenido por
cada convocatoria". Dicho control sobre la evaluación final podría ser
insignificante si en los siguientes artículos no se estableciera que
para que el alumno promocione y para que obtenga el título
correspondiente, ya sea el de Secundaria o el de Bachillerato, es
necesario superar esta prueba, cuya nota tiene en la ESO un peso del 30%
frente al 70% de la media de las calificaciones de las materias
cursadas y un 40% en la etapa preuniversitaria.
El
resultado académico del alumno, por tanto, queda totalmente
condicionado a la superación de esta prueba cuyo control es del Estado.
Si ahora se logra el título y se promocionaba con el aprobado de las
asignaturas, más adelante resultará imprescindible superar una
evaluación cuyo contenido será idéntico para un alumno de Barcelona que
para un sevillano. Varios expertos en educación consultados por este
periódico han incidido en que el fin del Ministerio que dirige José
Ignacio Wert es homologar la educación en todo el territorio español y
reducir, de este modo, las diferencias en cuanto a contenidos entre los
17 sistemas de enseñanza que existen en el país, uno por cada comunidad.
Para
lograr la homologación, sin embargo, no basta con la inclusión de estas
pruebas, denominadas "reválidas" por la oposición política en recuerdo
de las evaluaciones franquistas. El Ministerio de Educación ha
establecido en el currículum de las materias unos estándares de
aprendizaje que concretan aún más los contenidos y servirán de
referencia para dicha evaluación. Así, por ejemplo, si hasta ahora se
establecían unos criterios generales en Biología y Geología por los
cuales los alumnos deben identificar y conocer las capas de la Tierra,
cuando se aplique la Lomce en los institutos se ha de garantizar la
descripción correcta de las características de la corteza, el manto y el
núcleo. Se trata, por tanto, de concretar aún más los contenidos de lo
que ya lo estaban con el fin de adaptarlos a la evaluación final. Estos
estándares, además, aparecen de forma generalizada para el primer ciclo
de la ESO (primer, segundo y tercer curso), mientras que se detallan
para el segundo (el cuarto curso). Los expertos consideran que el Estado
fija así "la meta" a la que han de llegar todos los estudiantes
españoles, con independencia de la zona en la que vivan.
Al
margen del debate político, no han sidos pocos los docentes y
sindicatos que se han opuesto no ya sólo a la evaluación final, sino a
una ley que configura la enseñanza para la citada prueba, por lo puede
parecer que deja en el olvido logros tan importantes como la superación
del alumno en esos años en función de su capacidad y la diversidad.
Fuera de la polémica por posicionarse a favor o en contra de las
reválidas, hay un aspecto que la ley Wert no soluciona y que deja en
términos poco precisos. Se trata de los estudiantes que no superen la
evaluación final. El decreto aprobado recientemente sólo dice, respecto a
la Secundaria, que los alumnos que no consigan el título recibirán una
certificación oficial con validez para toda España, mientras que deja en
manos de las comunidades "las medidas de atención personalizada" para
dichos estudiantes.
Por
tanto, es una situación "sin salida" la que sufrirán los alumnos de la
ESO suspensos en la reválida, pues no pueden entrar ni en un Grado Medio
de FP ni en Bachillerato, algo que los sitúa en clara desventaja con
los que no aprueben la evaluación final en la etapa preuniversitaria, a
los que siempre les quedará la alternativa de aspirar a un Grado
Superior. Incluso, están por debajo, en cuanto a posibilidades, de los
alumnos de la no menos polémica FP Básica, otra de las novedades de la
Lomce instaurada en el presente curso. Quienes se matriculan en esta
enseñanza -sustituta de los anteriores Programas de Cualificación
Profesional Inicial (PCPI)- pueden aspirar, una vez concluidos los
estudios, a un Ciclo Formativo o presentarse a unas pruebas para lograr
el título de Secundaria. Es más, la titulación obtenida con la FP
Básica, según los expertos consultados, tiene a efectos prácticos la
misma validez para lograr un empleo público o privado que la de
Secundaria.
Son
los pros y contras de una reválida que homologa la educación en toda
España -fin anhelado por muchos profesionales desde hace tiempo- pero
que puede dejar en un callejón sin salida a numerosos jóvenes. Habrá que
esperar a la norma andaluza que desarrolle la Lomce para conocer qué
pasará con ellos.
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